Rescate en el Cares de buda, cachorrita de pastor alemán. julio 2018.

El año pasado ya publiqué en facebook está historia pero me parece interesante que esté por aquí.
Lo que a continuación escribo es el rescate con éxito de Buda, una cachorrita de pastor alemán que se resbaló en la ruta del Cares y se le salió el collar del cuello al tirar de la correa, por suerte cayó en una terraza y pudimos bajar hasta ella. Todo esto pasó el mes de Julio del año 2018.

Perdonad si me extiendo demasiado pero así es como me sale:

El día 22 de Julio estábamos en el albergue trabajando cuando nos enteramos de la noticia de mano de la dueña, que estaba muy nerviosa, así que tampoco conocemos con exactitud la situación del perro, solo que está en las cercanías del Puente Bolín. Nos pide una cuerda para bajar pero me niego a dársela pues no sé si sabrá qué hacer con ella.

Diana llama al GREIM pero dicen que no vienen. ¿Por qué? Tienen sus razones, no está en sus competencias, si mientras salvan a un perro le pasa algo a una persona ¿entonces qué? Diana les pregunta si puede llamar a alguien, a protección civil, alguien; el guardia dice que lo intente, pero no cree que consiga nada. Quizá deberíamos haber insistido y llamar al 112 en vez de al GREIM, no lo sé.

No conozco la situación del perro, por lo que sabemos debe haberse quedado en una especie de terraza, ya que la caída en esa zona de la ruta ronda los 60 metros hasta el río y es bastante angosto y vertical. No conozco técnicas de rescate ni nunca he hecho nada parecido, pero pienso en Selva, si fuera ella, bajaría, haría lo que hiciera falta, o me gustaría que alguien lo hiciera, así que lo decido, voy. Diana decide acompañarme para ayudarme en lo que pudiera hacer falta. Cogemos arneses, cuerda, casco, material para reuniones y para rapelar, así como cordinos de sobra por si tuviera que a ascender por la cuerda con ayuda de autoblocantes y unos estribos improvisados con cintas planas. Una mochila grande para meter el perro y vamos para allá. Nuestra idea es, una vez conozcamos la situación, evaluar las posibles opciones y si es posible realizar alguna de ellas con seguridad, intentarlo.

Localizamos a los dueños y al perro.

Justo están en el mismo punto donde hace unas pocas semanas estuvimos unas horas bajo una tormenta, al comienzo de unos techos que cubren la ruta, a mitad de camino entre el puente de los Rebecos y el puente Bolín. En aquella ocasión fuimos a intentar ayudar a un señor que pensaban le había dado un infarto, hasta que llego el equipo de rescate del 112 y lo sacaron en camilla con el helicóptero(que tardó unas dos horas en llegar porque no dan a basto y venía desde Valladolid, ¿para cuándo un helicóptero en Valdeón?), al final no era una infarto y deseamos que ya esté recuperado.

En este lugar las posibilidades para asegurarse y bajar hasta el perro son escasas, que se encuentra tumbado en una repisa de menos de medio metro con vegetación, unos quince metros por debajo del camino, es una cachorra de pastor alemán de tan solo 6kg, se la oye llorar pidiendo ayuda.

La única opción que se nos ocurre es intentar subir hasta unos árboles situados 10 metros por encima de la ruta, para montar un descuelgue en los mismos árboles y así tratar de bajar hasta el animal. La trepada no es fácil, sobre todo con el patio que hay. Subo por el punto más débil de la pared, por donde se intuye un paso de cabras; unos primeros metros sobre roca húmeda ya moja la suela de mis zapatillas y complica el asunto, el siguiente paso es sobre hierba resistente de la que puedo agarrarme para ayudarme a subir, pero la hierba que encuentro después no es igual y se arranca con facilidad, me encuentro en una pequeña repisita de barro para los pies y la loma de hierba es muy vertical, las suelas mojadas no ayudan, no puedo tirar de nada, me tomo mi tiempo para pensarlo, miro hacia abajo, 5 o 6 metros me separan del camino que ahora parece muy estrecho, oigo a la perrita gemir; he subido por sitios peores, me digo, activo el modo rebeco, me encaramo a la pendiente y más como una lagartija “repto” hasta donde la pendiente se suaviza y puedo respirar tranquilo y caminar por una amplia terraza, valoro las opciones y monto reunión en un avellano. Sube Diana y me preparo para bajar. Al final decidimos que baje con el grillo, una técnica que ya he usado unas cuantas veces para descolgarme para limpiar algunos bloques muy altos, y si para subir necesito ayuda, usar unos autoblocantes con estribo.

En el primer rapel fallo y quedo demasiado lejos del perro y un espolón de roca y unos arbustos impiden que haga lo que pretendía, que era bajar lo más en la vertical posible de la reunión y luego hacer una pequeña travesía asegurándome a los árboles para evitar el péndulo en la medida de la posible. Así que no me entretengo y remonto por la cuerda con ayuda del grillo hasta el sendero de nuevo y busco un nuevo plan. Estoy un poco dormido y no he desayunado, remontar por la cuerda cansa; hay personas que estaban haciendo la ruta y están tratando de ayudar, me dan agua, una manzana, un plátano… de todo.

Si rapelo en diagonal aprovechando unos arbustos que frenarán el péndulo de la cuerda parece que podre acercarme más, así que allá voy. Efectivamente en diagonal y gracias a los arbustos de la pared consigo llegar a la terraza justo al lado del perro, al principio trata de acercarse a mí, así que bajo más rápido, entonces se asusta y vuelve a su rincón, una terraza de 30 centímetros de ancho.

Es muy pequeña y está asustada. Me aseguro, me quito la mochila y me la coloco atada con un mosquetón de seguridad en el anillo ventral de mi arnés, me acerco suavemente y la hablo bajito y en calma, la saludo y me deja acariciarla, la cojo en brazos. Al intentar meterla en la mochila empieza a ponerse nerviosa, así que me tomo mi tiempo, sigo hablándola y relajándola, con delicadeza consigo meterla y decido encerrarla entera dentro de la mochila ya que intentaba salirse. Comienzo a subir pero ya estoy cansado y voy lento, además voy preocupado por que pueda abrirse la mochila ya que Buda forcejea. Alguien grita que ate la mochila a la cuerda, creo que es Diana, que nerviosa espera en nuestra reunión en el árbol impotente sin poder hacer nada en todo ese tiempo.

Recupero el máximo de cuerda sobrante, el cabo lo tienen agarrado dos chicos en la ruta. Hay cuerda de sobra, ato la mochila y tiran, la mochila queda trabada en un resalte, pero tirando de los cabos hacia afuera conseguimos que lo supere y por fin veo como la mochila desaparece por encima de la ruta y se pierde de mi vista…Aplaudo, se me saltan las lágrimas, la felicidad que siento ahora mismo es inmensa, cuanto me alegro de haberlo intentando. Pobre perrita, y que lista, que fuertes son los animales, cada día me sorprenden más…

Ya solo me queda subir hasta la ruta, Diana desmonta la reunión y rapela desde el árbol. Nunca me he sentido tan orgulloso de algo, la felicidad me llena, me siento agradecido de que todo haya salido bien. La dueña del perro no sabe como agradecérnoslo, incluso nos ofrece dinero. Pero no lo hemos hecho por eso, lo hemos hecho porque era lo que había que hacer, lo que creíamos que había que hacer. Me despido de la pequeña Buda a la que no caigo muy bien tras nuestro forcejeo para entrar en la mochila y nos vamos caminando al albergue para volver a nuestro puesto de trabajo en la barra y en la cocina, que habíamos dejado abandonado.

Si se pueden sacar conclusiones de esta historia son:

  1. En la montaña es más que aconsejable que llevemos a nuestros perros con un arnés y atado en los tramos peligrosos como por ejemplo la Ruta del Cares. Además de que el collar puede salirse como en este caso, también puede llegar a dañar y asfixiar al animal en caso de que era este quedase enganchado si por ejemplo se extraviase. La correa también debe ser resistente, tipo cuerda o un buen cordino es lo mejor.
  2. Hay personas que consideramos a los perros y otros animales más que mascotas, son nuestros amigos, y doy fe del gran amor que se puede llegar a sentir por ellos; es por eso que sé que cualquiera de estas personas que amen a un animal como un amigo, tratarán de hacer casi lo que sea por salvarlo, pudiéndose llegar a poner en peligro por ello. ¿Imaginaros que le dejo la cuerda a la chica, que habría hecho? Si no hubiéramos ido Diana y yo, ¿Quién hubiera ido? Quiero creer que alguien, ya a mí no me entra en la cabeza estando el animal vivo no intentar hacer algo para ayudarlo. Desconozco si llamando al 112 nos habrían ayudado, pero creo que este tipo de acciones deberían entrar en las competencias de alguien.

Por suerte todo salió bien… Yo esperó que Buda crezca fuerte y sana y viva feliz; también deseo que la mentalidad de la sociedad siga evolucionando hacia un mundo donde cuidemos y valoremos a TODOS nuestros amigos los animales que nos dan tanto y muchas veces no nos damos cuenta.

Saludos desde Caín, Picos de Europa, Julio de 2018.

Por Alfonso Fernández de Cuevas

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